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BONSAI; Tigre y Dragón





Al pasar los días casi sin darnos cuenta cambia nuestro bonsai, las estaciones intervienen en su forma, en su crecimiento, coloración…
La luz que reciben se modifica. Salen las hojas, se caen, vemos los frutos, luego ya no. Todo aparece y desaparece de manera orquestada y rápida y sin embargo nuestro bonsai va creciendo y madurando con el paso de los días, el tronco se engrosa, las raíces aumentan.



La primavera, es la estación en la que los árboles nacen, crecen y se desarrollan; la naturaleza se va llenando de cosas nuevas y todos los seres vivos se enriquecen gradualmente.
El verano es la estación en la que los árboles  se encuentran en su máximo esplendor.
Los tres meses de otoño constituyen la época de concentración. 
Los tres meses del invierno constituyen una época de acumulación y almacenamiento.



Se establece un equilibrio y el bonsai crece y se hace más hermoso. Un equilibrio efímero que desaparece en un momento por acción de los elementos externos o de la metedura de pata de una misma.



Me pregunto ¿cual es el tipo de árbol favorito de un aficionado? Se entiende que hablo de un aficionado que quiere diseñar y realizar un modelo de principio a fin. Es fácil responder a la pregunta.



Todos queremos material virgen con formas tortuosas y atormentadas, maderas muertas, coniferas de hoja perenne que una vez modeladas únicamente cambien por acción de nuestras manos pero que su equilibrio no se pierda debido al devenir  de las estaciones.



Esta claro que intentamos buscar modelos en la naturaleza para nuestros bonsáis pero solo buscamos en la mayoría de los casos algunos modelos.  Todos esos árboles que crecen a grandes alturas en suelos rocosos, pobres en materia orgánica, metidos entre las grietas de las rocas, azotados por le viento, la nieve, y ramoneados por los animales. Con las ramas partidas por el peso de la nieve, por los rayos…



Estos árboles se rebelan ante su propio destino y adoptan formas tortuosas creciendo en lugares salvajes, sobreviviendo a   las heladas, el calor de las rocas que los rodean.


Estos árboles comienzan a brotar durante las lluvias de primavera. Las yemas nuevas y las puntas de las ramas están expuestas a morir en primer lugar en caso de que el agua sea escasa o se produzca alguna helada.



Si las yemas y brotes de las puntas  mueren, se establece un nuevo equilibrio en el árbol y la dominancia apical se traslada hacia las yemas laterales de las zonas más bajas con lo que el árbol adopta esas formas rastreras por encima de las rocas.
Varios ciclos de sed o de frío extremo hacen que las ramas rastreras se retuerzan y adopten formas abruptas en zigzag.


Con el paso de los años, el tronco se hace cada vez mas grueso, pero las ramas se siguen manteniendo bajas. Además para evitar la perdida de agua por evaporación, las acículas, agujas, hojas.. Se hacen cada vez mas pequeñas sumando también el particular pinzado de animales.



Los sistemas radiculares suelen ser cortos y muy ramificados debido a que crecen en piedrilla o grava muy molida pero con grano. Estas raíces reparten la savia de tal manera que producen un desarrollo  de la parte aérea muy simétrico.


Es un lujo poder disponer de estos ejemplares, pero también me maravilla ver bonsáis en los que las estaciones actúan de manera incontestable, donde; el modelado puede ser mas rustico pero,  la silueta,  los colores o las flores perturban de forma admirable.



Las significación originaria de los términos  yin y yang no es muy clara, sin embargo, todos parecen provenir de conceptos naturalistas. El pictograma  de yin , representa la parte norte, nubosa, de una montaña y la luna. El carácter  tradicional de yang representa el lado sur, soleado, de una montaña; en el simplificado aparece ‘sol’ .





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