Ir al contenido principal

Excursión al Amazonas

Hola.
Desde pequeña soñé  conocer el Amazonas.


Hace tiempo por estas fechas visite el Amazonas Colombiano volando a Leticia. Una ciudad a la que solo se puede llegar por avión o por el río en el barco que une Manaos con Iquitos.
Desde el aire la selva se convierte en un tapete verde y ver aparecer de repente la gran serpiente que es el río Amazonas es una experiencia única. 



Solo hay una carretera que se extiende tan solo 20 kilómetros hacia el norte del departamento. En cada uno de estos kilómetros se ubican comunidades indígenas y barrios de colonos.
Leticia esta separada de Tabatinga ( perteneciente a Brasil ) por una única calle y a Perú se cruza fácilmente con una lancha atravesando un brazo del amazonas. Uno de los días de nuestra estancia desayunamos en Colombia, comimos en Perú y cenamos en Brasil.





El paisaje que se divisa desde la lancha río arriba es todo un ESPECTÁCULO, la verdad es que el Río Amazonas tiene encanto y magia propia , es un mar de agua dulce y turbia que guarda  secretos humanos y divinos .



En el Amazonas  son típicas las Malocas: centro de reuniones, que son una especie de choza  pero el techo es de hoja Yarina.
Los indígenas fabrican diversas artesanías con una madera llamada palo sangre. Compre unos trozos y posteriormente encargamos hacer unas mesas para bonsai ya que esta madera es muy pesada y con un color particular.





El puerto de Leticia es un malecón que sube o baja según la época de lluvias. El río es capaz de bajar su nivel 5 o 6 metros con lo que llegar a las lanchas resulta difícil ya que el piso es blando. Los tablones ayudan a no hundirnos.



Poder ver delfines rosas, nenúfares gigantes dando cobertura a las anacondas , pájaros de mil colores, tormentas de rayos y truenos, árboles enormes, bromelias con flores de un tamaño descomunal… ha sido un privilegio que quedara para siempre en mi memoria.





Comer pirarucu, mambear con los indígenas en la maloca, dormir en una hamaca como si fuera un plátano, subir a los arboles para ver el techo de la selva, abrazarme a las enormes ceibas y; sobre todo nadar en el Amazonas es algo que no olvidare jamás.





Saludos cordiales
Beti